Philippe Bouin, histórico periodista de ‘LÈquipe’, reflexiona sobre el trato del público francés hacia el hombre que busca su 14º título

Hubo un tiempo, ya lejano, en el que la afición de Roland Garros no sentía especial aprecio por Rafael Nadal. “El público parisino es bastante estúpido. A los franceses les molesta el triunfo de un español”, llegó a decir su tío Toni, entonces también su entrenador, tras la primera de sus tres únicas derrotas en estas pistas, ante Robin Soderling, en los octavos de 2009.

En aquel partido fueron numerosos los aficionados que celebraron en la Philippe-Chatrier el tropiezo de un jugador que venía de encadenar tres títulos consecutivos y amenazaba, como así ha sido, con prolongar sine die, frente a la penuria francesa, la tradición española en unas pistas en las que habían triunfado sucesivamente Arantxa Sánchez Vicario, Carlos Moyà, Albert Costa y Juan Carlos Ferrero, sin necesidad de retrotraernos a las victorias de Manolo Santana y de Andrés Gimeno, de la cual se cumple ahora medio siglo.

“La actitud del público francés hacia Rafa ha cambiado porque la parte que jugaba en el gran espectáculo del tenis también lo ha hecho. Cuando llegó era visto por la afición como el chico malo que quería herir a los franceses, pero, además, a su querida mascota: Roger Federer”, comenta a este periódico Philippe Bouin, histórico especialista del diario L’Équipe, que ha cubierto más de cien torneos del Grand Slam.