El novillero extremeño sale con varios puntazos tras una terrible cogida por el pecho; Daniel Barbero hace lo más destacado de la tarde y da una vuelta al ruedo

Un escalofrío recorrió el tendido cuando José Rojo se quedó colgado del pitón izquierdo del astifino segundo de Sánchez Herrero al entrar a matar. Rojo lidió con los violentos arreones de manso hasta que se perfiló a entrar a matar, tras escuchar un aviso, entre la puerta de arrastre y los chiqueros. La espada entró hasta los gavilanes pero no se pudo zafar del derrote que cruzó su pecho saliendo la punta del pitón por el delantero de la chaquetilla. Inevitablemente, se pensó en lo peor. Cuando se fue a levantar le fallaron las piernas y cayó desplomado. Angustiosos momentos, sin conocer aún la dimensión del percance. El novillo regresó a los corrales tras sonar tres avisos, ya que Carlos Olsina no logró atronarlo con el descabello en el tiempo reglamentario.

El doctor García Leirado corroboró el milagro tras explorarle en la enfermería de la plaza de toros de Las Ventas, apreciándole un puntazo corrido en la cara anterior del tórax, contusiones en rótula derecha y tendón de Aquiles izquierdo. Además de un puntazo inframandibular. El frío y el vendaval habían condicionado una faena en la que el novillo no permitió ningún tipo de lucimiento. El extremeño se impuso a base de voluntad al amplio novillo de Aldeanueva.

El pronóstico leve no le impidió salir a lidiar al quinto al que recibió con una larga cambiada de rodillas en toda una declaración de intenciones. Continuó con el mismo ánimo en una faena iniciada rodilla en tierra en la que la irregularidad de la embestida no permitió que cogiera vuelo. En las manoletinas finales demostró su valor y pese al susto de su primer turno se tiró a matar por derecho. La ovación correspondió al esfuerzo y al milagro vivido (saludos tras aviso).